Ciudad de México, junio 11.- A menos de un mes de que venza
el plazo para que Estados Unidos, México y Canadá definan el futuro
del acuerdo comercial, el presidente Donald Trump amenazó con no
renovar el T-MEC, al considerar que su país no necesita de sus socios
norteamericanos y que éstos deben ofrecer mayores concesiones a Washington.
“No estoy buscando renovarlo”, afirmó Trump desde la Oficina
Oval de la Casa Blanca al ser cuestionado sobre la revisión del acuerdo
prevista para este año. “No necesitamos nada de lo que Canadá tiene. No
necesitamos nada de lo que México tiene, pero ellos necesitan todo lo que
nosotros tenemos. Tienen que tratarnos mejor”, declaró.
Las declaraciones del mandatario estadounidense elevan la
incertidumbre sobre el futuro del principal instrumento comercial de América
del Norte, que sustenta una economía regional altamente integrada y un
intercambio comercial trilateral cercano a los 1.6 billones de dólares anuales.
De acuerdo con las disposiciones del propio tratado, en caso
de no alcanzar un consenso en la revisión de este año, el mecanismo contempla
consultas anuales y eventualmente la terminación del pacto en 2036.
Pese al tono de Trump, las negociaciones del
T-MEC continúan avanzando. Tanto la Secretaría de Economía como la Oficina
del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) informaron que los
gobiernos de México y Estados Unidos sostendrán una segunda ronda de
conversaciones los próximos 16 y 17 de junio en Washington, mientras que una
tercera ronda está programada para la semana del 20 de julio en la Ciudad de
México.
Las declaraciones del mandatario contrastan con la postura
de diversos sectores productivos estadounidenses, particularmente
del sector agroalimentario, que ayer defendieron ante el Congreso la
necesidad de fortalecer y renovar el T-MEC.
Durante una audiencia ante el Comité de Agricultura de la
Cámara de Representantes, líderes de algunas de las organizaciones agrícolas
más influyentes de Estados Unidos calificaron al acuerdo como esencial para la
competitividad y estabilidad del campo estadounidense.
“El T-MEC ha sido el estándar de oro de los acuerdos
comerciales agrícolas, proporcionando la certidumbre que agricultores y
ganaderos necesitan para planear, invertir y mantenerse competitivos”, señaló
Jamie Beyer, integrante del comité ejecutivo de la American Soybean
Association.
EU presiona en las negociaciones del T-MEC
Analistas consideraron que las declaraciones de Trump forman
parte de una estrategia de presión negociadora más que de una intención real de
abandonar el acuerdo.
Joel Baum, profesor de Administración Estratégica de la
Universidad de Toronto, señaló que el mandatario parece interpretar el tratado
como una herramienta de presión para obtener concesiones adicionales de sus
socios.
“Trump cree que la cláusula de terminación es lo que hace
grande al T-MEC porque le da poder de negociación. El resto de
América del Norte podría estar escuchando algo distinto: construyan sus planes
para depender menos de Washington”, y recordó que el tratado funciona como una
infraestructura económica que permite a empresas diversas, operadores
logísticos y consumidores, tomar decisiones de largo plazo con base en reglas
previsibles.
Alterar esa estabilidad, dijo, tendría costos que
eventualmente regresarían a la propia economía de EU a través de mayores
costos de producción, retrasos en las cadenas de suministro y menor inversión.
En la misma línea, un análisis elaborado por Grupo
Estrategia Política y Connecting Mexico concluyó que el escenario más probable
no es una salida de EU del T-MEC, sino la instauración de un esquema de
revisiones anuales que permita a Washington incrementar gradualmente sus
exigencias.
Según el estudio, la estrategia podría incluir incentivos
para relocalizar parte de la producción manufacturera hacia territorio
estadounidense, mayores requisitos de contenido nacional en sectores como acero
y aluminio, así como condicionamientos regulatorios para mantener el acceso
preferencial al mercado estadounidense.
Los especialistas estiman además que EU buscaría endurecer
las reglas de origen en la industria automotriz, favoreciendo una mayor
integración de contenido estadounidense y vinculando beneficios arancelarios a
nuevas inversiones productivas en EU.
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